El título: Let's get physical
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martes, agosto 3
Un simple post
Pasa que se me ocurren muchas cosas para postear, pero no me decido por una. Y cuando por fin me decido por una, se me van las palabras y el sentido de escribirlo. Osh. Mientras supero este extraño periodo, les dejo este cartón, que me encontré aquí, y que claramente me sacó una sonrisa (o no estaría aquí postéandolo):
jueves, mayo 14
El twitter y yo, ¿qué?

Mientras el mundo se contagió de pánico por ya-sabemos-quién, a mí me entró un amor todavía más juerte (grados por encima de fuerte) por internet. Tanto, que hasta me trepé en la ola twitter.com/monmargo. Aunque han pasado ya varios días, como que todavía no le agarro bien-bien la onda. La verdad, no puedo decir que haya sido amor del bueno a primera vista.
Me tardé una eternidad en escribir mi primer update. Simplemente no me fluía el tecleo (sin albur), y vaya autosorpresa, porque si algo hago es teclear como posesita. Luego dudé en avisarle a mi primer following-follower que ya tenía cuenta. Me daba (aún me da) penita responder, literal, a lo de what are you doing?, o informar quesque-minuto-a-minuto de mis actividades e impresiones (a lo mejor me traumó hacer eso en el Deforma). '¡¿Y eso qué?!', me dije, aunque fue exactamente ESO lo que empecé a hacer.
Ya después pensé: 'pero esto no tiene caso así, sin foro, caray'. Ok. Le dije a un par de amigos y nos agregamos mutuamente bajo la adorable tacitez de me-agregas-te-agrego. Pero pasaron días antes de que buscara twitteros conocidos. No quería verme toda Mike Wazowski ("¿somos amigos?, ¿sí?, ¿sí?, ¿sí?, ¿somos amigos?..."). ¡Bah!, tarugada de ego que finalmente vencí.
Así que los empecé a buscar y followear (con bastante moderación) de chile, mole y pozole, como para variarle a lo que iba a encontrar cada vez que entrara a mi home. Aunque antes, re-indecisa, cambié mi user no sé cuántas veces (pinche inseguridad, de veras).
Y hasta hace un rato venía dándole vueltas al asunto de seudo-obligarme a pensar en un status constante, preguntándome si no iba yo a terminar abandonando esto de la twitteada por falta de autodiversión, pero finalmente una de mis neuronas se dignó a hacer tiling, tiling. De ahí que desde mañana me dedicaré a clasificar en tops variopintos aspectos míos de mí y de mi vida, a lo loser de High Fidelity. Ahora sí me da harrrta emoción. Será todo un reto porque nunca me ha dado la gana eso de hacer tops, y doble porque me prometí hacerlos positivos. Ay, jijos.
jueves, abril 9
Mi yo más teto
A la inmensa desadaptada social que fui en los días de prepa, E. y J. la hacían suspirar-supiritar al nivel más adolescente posible. Ése que te lleva al éxtasis máximo con sólo 'volarte' una mañana de clases, pero que te deztroza el corazón si no le rozas el hombro al tipo-de-tus-sueños en el pasillo.
Fuera de la 'cercanía' que yo me prodigaba (ja, qué grande es la mente), como pasar frente a su salón o verlo fugazmente a los ojos por merísima casualidad, E. y J. no tenían la más mínima relación conmigo. Y eso que uno de ellos iba en mi salón. Pero mi inmensa tetez tenía por deporte apañárselas para verlos-admirarlos hasta el cansancio sin que se dieran cuenta (o eso creo).
Más allá de dármelas de protagonista de una chick-flick a su lado, lo que irremediablemente me embobaba era sentir su estilo de vida, su mundo: eran guapos, populares, divertidos, tenían dinero, flotaban en vez de caminar dificultosamente... como yo.
En mis futureos, ese estilo de vida se prolongaba hasta edades que por entonces yo aún no concebía con claridad. Los imaginaba viajando por el mundo, manejando fabulosos autos, trabajando en grandes oficinas, ocupando importantes puestos, bien vestidos, organizando reuniones y parrilladas en domingo con los amigos de siempre... Algo que, según mi actual megachismoseo facebookero, es —edulcolorante menos, edulcolorante más— lo que ha sido de sus vidas. Eso, y procrear hijitos (dicho en el tono más Susanita imaginable).
Vistos a través de facebook, E. y J. me siguen pareciendo tan lejanos e inalcanzables como en los días de mi Jefferson Hills 90210. La diferencia es que ya no los admiro o envidio, ni me dan ganas de pertenecer a su mundo. Claro, mi remanencia adolescente fantasea con que ahora son ellos quienes me admiran y envidian. Que entre sí cotillean sobre lo deseable que se tornó mi estilo de vida y la interesantísima persona en la que me convertí. Ja,ja,ja.
Pero eso... eso no pasará. Lo sé. Simplemente porque siempre hemos pertenecido a tribus completamente distintas. Las adecuadas para cada quien. Me tomó algunos años descubrirlo, pero eso ha hecho posible (y Mark Zuckerberg, claro. ¡Gracias!) que hoy, como antaño, verlos volviera a ser un deporte, aunque sea foto a foto. Sólo que, en vez de quemarme el alma, me hace sonreír. Porque yo estoy aquí, y ellos allá: donde siempre hemos debido estar. (Aunque eso no quita que detestara ser una looser en la prepa. ¡Maldita sea mi competitividad!).
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