martes, mayo 5

Parlanchina nocturna

Jíjolas. Qué suerte que sea yo quien parlotee sin cesar por las noches y no mi mareado. Porque así, rememorar que en esta casa no se durmió nadita porque me pasé la noche zarandeándolo cada cinco minutos para decirle algo tan ni al caso como: "Sólo con el formato naranja vas a poder pasar", mientras mi mente creía que era ÉL quien me estaba hable y hable, es motivo de carcajada. De otro modo, con la sangre nada atolezca que tengo... uff, qué agriedad. 
Según yo, hacía rato que no me surgía esta necesidad adormilada de comunicarme (mi episodio más memorable es de hace años, cuando mi mamá y yo no paramos de parlotear de cuarto a cuarto durante toda la noche. Aunque mi papá se merece un gran ¡buuu! por no habernos prestado la atención suficiente como para contar con el resumen ejecutivo). 
Ahora, lo que me causa curiosidad es de qué demonios depende el despertarme y saber que hablé, o de plano no darme ni por enterada. Si que hablé, nunca recuerdo qué dije (qué peligro). Y a veces hasta me despierto un segundillo después de haberme sentido hablando. Mmmmm... 
En fin, lo malo de esta última vez es que sumé otra noche a nuestra fila india de noches insomnes. Como si no hubiéramos tenido ya suficiente con el insufrible pelotón de mosquitos-muertos-de-hambre de antenoche y el bochornazo primaveral de ante-antenoche... Qué chafez. Y mañana, a olvidarse de la oficina en casa. Doble chafez.

En serio, sí cocino

Hace un rato, mientras sofreía (¡ah, qué gran palabra!) unas verduritas y echaba a cocer un paquete de noodles (yom-yom), me pregunté por qué la gente, a excepción de mi astróloga-de-cabecera y su conocimiento de a qué aspecto de mi carta astral atribuirle esta gracia, se asombra de que Yo cocine, y encima cocine bien. Que hornee panqués de zanahoria y plátano de rechupete de plano les resulta todo un misterio. ¿Quién cocinó?, ¿en serio lo hiciste túuu?, me preguntan la primera vez que prueban bocado hecho por mí y comprueban que no van a envenenarse (cuando mi suegra se enteró que sabía hacer milanesas, hasta suspiró aliviada porque su hijo no iba a morir famélico a mi lado, como ha de haber creído).
Supongo que ha de ser porque entre mis múltiples personalidades está la intachable Sra. Caústica Grynch. O también porque tengo una mala-cara que no puedo con ella (mi frente tiene una arrugota-mal-humor como prueba). O porque no tengo ni pizca de fe en la humanidad. O a lo mejor porque no sonrío ni en defensa propia. O por todas las anteriores. Ah, claro, y porque de tan criticona que soy (y de tanto-tanto que lo disfruto), ya es del dominio público que San Pedro me dará con la puerta en la cara. Supongo que todo eso es lo borra de la mente colectiva el ver a La que suscribe con un mandilito puesto y olla en mano.
Tampoco es que mis dotes de cocinera sean como para suplantar desde ya mismito al chef de _ _ _ _ _ _ (inserte Ud. el nombre de su restaurante favorito), pero de que tengo carta de especialidades, la tengo.

Receta 'pa la posteridad: un paquete de Asian curly noodles, una bolsa de Mezcla Oriental de La Huerta (producto 100% mexicano), tocino y soya. Fría, mezcle y sazone. Se vale embutirse el wok completo. O casi. Sentirse aturdidoramente lleno es sólo pasajero (y signo irrefutable de ser un tragaldabas).

domingo, mayo 3

Un asuntito de libros

A riesgo de sonar un pelín pedante, creo que tengo un issue con las librerías y los libros. No, no soy tan divertida como para robarme libros cada vez que me paro por una. Sólo soy compulsivísima a la hora de comprarlos. 
Típico en mí: mi mente se obsesiona con equis libro (Kitchen, de Banana Yoshimoto, esta vez) y mi mente no para de decirme "ve a comprarlo, ve a comprarlo". Resisto el impulso por unos días; al fin, pienso, ya tengo un nutrido stock por leer. Ah, pero no pasa más de un fin de semana cuando ya estoy en mi librería de confianza recetándome el imprescindible título, que, curiosamente, siempre resulta estar agotado.
"Como mulita, derechito y a la salida", me digo. Mmmm, aunque no sé bien para qué. Soy tan débil que apenas termino de decírmelo, ya estoy paseando extasiada mis deditos y ojitos por las pilas de novedades, y luego por las de no novedades, mientras me reprocho por no haber llevado mi eterno listado de títulos a comprar (ja, como si de verdad lo necesitara). Y una hora después, ahí estoy yo, pagando un montón de libros que de sobra sé que no voy a leer tan pronto cruce la puerta, pero que nomás no puedo permitirme no seguir teniendo.
El ticket, obvio, sobrepasa por creces lo que pensaba gastarme (como si no supiera ya en qué iba a parar el asunto). Al menos tan pronto pasa la tarjeta no me entra la culpa esa horrorosa que me entra cuando en la bolsa llevo zapatos o bolsas. Lo malo es que compro libros a contentillo de mis etapas de ánimo (digo, que si Picasso tenía etapas de colores, ¿por qué uno no va a tener las suyas, aunque más modestas?), y con eso de que el tiempo se va volando, para la próxima vez que tengo antojo de echar un vistazo a mi propio stock de 'novedades', he mudado de ánimos, un nuevo libro me ronda la cabeza y... todo vuelve a empezar. 


No es un domingo cualquiera

Dos litros de Coca-Cola Zero, media ración de papas Memorables con queso, una paleta Chemisse de piña-coco en el congelador, películas malísimas de fondo, chorros de ánimo ocioso (de ése que hasta da como naúseas y te inhibe el sueño), mi perriuqui echado a los pies y una nueva pila de libros por leer de donde escoger. Mmmm... no, nada mal para un domingo de 'encierro forzado'. Pero lo mejor sigue siendo saber que mañana no tengo que ir a la oficina, puesto que la oficina estará en mi casa hasta el martes (Yesss!). Supongo que hoy, ver que el reloj marca más allá de las 4, me dará lo mismo. Qué belleza caray.

sábado, mayo 2

Colorful India: ahí estaré




Me tengo ya muy bien decidido que uno de estos días, antes de que se acabe el mundo, me dedicaré al menos un año a vagar por Asia y parte de África, como quien va a su trabajo cada mañana. Pero por puro placer. Sueño con Petra, Mongolia, Camboya, Bután, Marruecos, Estambul, China, India... con todos los olores, colores y formas de vida de ese otro lado indómito del mundo. Nada de civilidad europea o más del latinismo. Na. Una de estas primaveras, el rostro impregnado de pintura con agua del Festival del Color en Hali, India, será el mío, y el de mi cámara, claro. Me lo he prometido, y ahora me lo debo.

Poras Chaudhary (www.poraschaudhary.com), ex jugador de cricket: gracias por tu inspiradora imagen. No me queda duda que también en algún punto yo misma adoptaré el 'ex'.