sábado, junio 5

Un sueño cualquiera

Soñé una solución para este corrompido país. Una muy simple: el respeto. ¿Cómo así? Pues soñé que hacíamos siempre caso de las luces del semáforo. Que por ningún motivo obstruíamos los pasos peatonales. Que donde los hubiera, los peatones subían y bajaban los puentes peatonales; donde no, que cruzaban en las esquinas. Que no hacíamos parada al taxi o al autobús en donde se nos atraviesa la necesidad. Que no violábamos el sentido de las calles. Que cedíamos el paso a otros autos, a los peatones y ciclistas. Que no manejábamos alcoholizados, que en semejante estado sólo nos parecía prudente pedir un taxi. Que no dábamos cuenta, con picardía estúpida, de la ubicación de los alcoholímetros... Pero no vayan a creer que sólo soñé con que respetábamos las leyes de tránsito. No. También soñé que tomábamos ordenadamente nuestro lugar en cualquier fila. Que leíamos instructivos y seguíamos instrucciones al pie de la letra, sin aquello de sentirnos astutos por no hacerlo. Que actuábamos conforme a los plazos y términos establecidos. Que no dejábamos nada para el último minuto. Que no éramos capaces de enunciar la frase 'ándele, haga una excepción, sólo por esta vez'. Que no dábamos ninguna clase de mordida. A nadie. Que no tirábamos basura en otro sitio que en los botes. Que pagábamos debidamente por cada servicio recibido. Que la filosofía del 'y yo por qué no, si él sí' carecía de fanático alguno. Que todos pagábamos impuestos. Que no buscábamos sacar ventaja a la menor provocación...
Soñé entonces que acciones tan individualmente simples daban pie a una sociedad que no busca su beneficio a costa del de los demás; sino que, al buscar el propio, busca también el de todos. Soñé que nos dábamos cuenta, así como se percata uno de lo más obvio, de nuestra inconsciencia al creer que sólo las acciones del resto resultan perjudiciales. Que, de un modo u otro, todos somos pequeños contribuyentes del caos colectivo. Soñé, pues, con ciudadanos comprometidos, solidarios, informados, amorosos... intachables. Entonces, sólo entonces, la idea de un gobierno digno me pareció más tangible que nunca. Así como un país sin entuertos dolorosos y sin la impunidad como moneda corriente. Y aunque fue sólo un sueño, tan pronto abrí los ojos, con ese sedimento febril que dejan los viajes nocturnos del inconsciente, recomponer este país no me pareció complicado. Al menos, no tanto. O no la parte que está en mis manos. Lo que no soñé fue que todos lo soñamos.

5 comentarios:

  1. Bonito sueño. Ojalá se hiciera realidad. Hace falta.

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  2. este sueño lo comparto contigo desde hace mas de treita años....

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  3. Pues sí, ojalá. Tendríamos que irle echando ganitas.

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  4. Luis Aguilarjunio 09, 2010

    Hoy en la noche voy a soñar lo mismo, lo prometo.

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